Esta mañana me levanté a las 5 de la mañana con el fin de ver unas de las cosas que el que aquí viene, no se lo pierde. Y es la entrega de donativos que reciben los Monjes Budistas todos los dias. En todos los monasterios tienen gallos que son los que despiertan a los monjes cuando empieza a clarear el día, sobre las 5 y en todo el sudeste asiatico se produce a la misma hora todos los días del año. Después de unos rezos salen en perfecta formación por orden de edad, y recorren las calles de la ciudad recogiendo las ofrendas que la gente les da. Estas ofrendas consisten en arroz cocido y alguna fruta. Es con lo que se alimentan a diario. Cuando terminan se recluyen otra vez dentro de sus monasterios y no vuelven a salir hasta el día siguiente. Cada grupo de monjes recorren las calles próximas a su monasterio, así que en poco màs de media hora han terminado. Esto sucede en todo el pais donde hay miles de monasterios. Tan normal como en nuestro pais que habia una parroquia o iglesia minimo en cada pueblo.
Tube la suerte que no llovió, pero en cuanto llegué al hotel empezó a caer que parecia que estaban tirando el agua con valdes. Desayunamos a las siete y salimos cuando más lluvia caia. Durante todo el recorrido no nos abandonó el agua. Pasamos algunos sitios delicado y un poco peligrosos, pero cuando llevabamos 100 km recorridos nos encontramos con la carretera cortada por un auténtico alud de piedras, agua y lodo.
Tres palas escabadoras se pusieron a trabajar inmediatamente y en unas dos horas y media ya estaban empezando a pasar los todoterrenos que fueron haciendo rodadas que fuimos aprovechando las motos para pasar. Me hubiese gustado que alguien hubiera grabado el momento en que cruzamos nosotros. El muro de piedras que habian construido las palas pasa desviar la inmensa cantidad de agua que descendia continuamente por las laderas de los montes, se empezó a desmoronar y la gente gritaba a los que estabamos pasando en esos momentos. Viendo como el agua se nos acercaba, aceleramos la marcha y acabamos llegando pero con el agua ya casi hasta las rodillas y entre un montón de piedras. Una vez cruzados al otro lado, proseguimos el camino sin que dejara de llover hasta Vang Vieng. Fuimos a un Albergue y como todos los dias: una ducha y a hacer comida-cena. Pero esta vez sin salir del albergue. Unas hamburguesas y un postre. Como no tenia ganas, dejé la entrada del blog para el día siguiente. Las fotos estan mezcladas.









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